
Qué revisar antes de comprar un coche de segunda mano (guía sin herramientas)
Un coche de segunda mano bien lavado y con las llantas relucientes engaña a cualquiera. El problema es que lo que se paga caro nunca está a la vista: son los kilómetros que no son, el golpe antiguo mal reparado o los cinco años sin cambiar el aceite.
La buena noticia es que la mayoría de esas señales se detectan sin herramientas, sin ser mecánico y en menos de veinte minutos. Solo hay que saber dónde mirar y en qué orden.
Antes de ver el coche: pide el informe de la DGT
Este paso se salta casi todo el mundo y es el que más disgustos evita. Con la matrícula puedes solicitar en la sede electrónica de la DGT el informe completo del vehículo, que cuesta la tasa 4.1 (8,67 €) y te da el historial de ITV, el kilometraje anotado en cada inspección, el número de titulares anteriores, si el coche ha estado de baja y si arrastra cargas, embargos o reserva de dominio.
Ese histórico de kilómetros es tu mejor defensa. El fraude del cuentakilómetros sigue muy vivo en España: los estudios de carVertical sitúan en torno al 4% los usados con el odómetro manipulado, y en los diésel la media de kilómetros borrados supera los 100.000. Si las lecturas de las ITV no cuadran con lo que marca el cuadro, ya sabes lo que hay.
Hay también un informe reducido gratuito. Sirve para ver si el coche es transferible, pero no trae kilometraje. Para comprar, ve al completo.
La inspección visual: carrocería, ruedas e interior
Con el coche parado, a plena luz del día y en seco, mira estas tres zonas.

Carrocería. Agáchate y mira los huecos entre paneles desde un extremo del coche: deben ser regulares y simétricos. Un hueco que se abre o se cierra delata un golpe enderezado. Busca también diferencias de tono o de textura en la pintura, restos de pintura en las gomas, tornillos de aletas y capó con la cabeza marcada, y soldaduras que no parezcan de fábrica. Levanta la alfombrilla del maletero y revisa el pozo de la rueda de repuesto: ahí es donde peor se disimulan los impactos traseros.
Ruedas. Lo importante no es que estén nuevas, es cómo se han gastado. Un desgaste concentrado en un solo borde de la banda apunta a alineación o suspensión; un desgaste en ondas suele ser amortiguadores. Ojo también con lo que va montado: los neumáticos de un mismo eje tienen que ser idénticos en marca, medida, estructura, índice de carga y código de velocidad. Llevarlos mezclados es defecto grave en la ITV y te obliga a pasar por caja antes de la inspección. Y el mínimo legal de dibujo es 1,6 mm, marcado por los testigos TWI dentro de las ranuras.
Interior. El volante, la palanca, el pedal de embrague y el asiento del conductor son el reloj real del coche. Un cuentakilómetros de 90.000 con el cuero del volante pulido y el pedal comido no encaja. Compara siempre esas tres cosas: lo que marca el cuadro, lo que dicen las ITV del informe DGT y lo que ves con los ojos.
Las pruebas que no te puedes saltar
Arranque en frío. Es la prueba más reveladora y la más fácil de manipular: casi todos los vendedores tienen el coche caliente cuando llegas. Toca el capó antes de nada. Si está tibio, vuelve otro día o pide que lo dejes reposar. Con el motor frío se oye lo que después se calla: tintineos de cadena, ralentí irregular, humo azul o blanco espeso por el escape, testigos que tardan en apagarse.
Prueba de conducción de verdad. Nada de dar la vuelta a la manzana. Necesitas un tramo urbano y otro a más velocidad. Frena con firmeza en recto y comprueba que no se va de lado ni vibra el pedal (si vibra, mira nuestro artículo sobre las señales de que hay que cambiar las pastillas de freno). Pasa por un badén escuchando golpes secos de suspensión. Si es manual, sube una cuesta en marcha larga: si el motor sube de vueltas y el coche no acelera igual, el embrague patina y es una factura de cuatro cifras. En automático, fíjate en que los cambios entren sin tirones ni retardos.
Con el motor en marcha y parado. Mira debajo del coche después de la prueba: manchas de aceite, refrigerante o líquido de frenos en el suelo. Y abre el tapón del vaso de expansión con el motor frío para ver si el refrigerante tiene color y no un aspecto lechoso u oxidado.
Historial de mantenimiento y garantía: lo que dice la ley
Pide las facturas. No el libro de mantenimiento sellado, que se sella solo: facturas con fecha, kilómetros y concepto. Si no existe ninguna, no es que el coche esté mal necesariamente, pero estás comprando a ciegas y el precio debería reflejarlo.
Conviene también saber con qué red cuentas si algo sale mal. Si compras a un profesional, la garantía legal de conformidad es de tres años, aunque en vehículos de segunda mano puede reducirse por pacto expreso y por escrito hasta un mínimo de un año, que es lo que hacen casi todas las compraventas. Revisa qué pone tu contrato. Si compras a un particular no hay garantía como tal: solo puedes reclamar por vicios ocultos, defectos graves y preexistentes que el vendedor no te declaró, y tienes seis meses desde la entrega para hacerlo (artículos 1484 a 1490 del Código Civil). En ambos casos el desgaste normal queda fuera.
Traducido: cuanto más particular sea la compra, más importa lo que revises tú antes de firmar.
En resumen
Informe completo de la DGT antes de moverte de casa. Huecos de carrocería, desgaste de neumáticos e interior para contrastar los kilómetros. Arranque en frío con el capó frío de verdad. Prueba de conducción con frenada, badenes y cuesta. Facturas de mantenimiento. Y claridad sobre qué garantía te queda según a quién compres.
Si todo eso te cuadra, lo que falta es lo que no se ve: estado de bajos, holguras, fugas incipientes, códigos de avería guardados en la centralita. Eso ya necesita elevador y máquina de diagnosis, y cuesta muchísimo menos que la primera avería de un coche que no debiste comprar.

Si estás a punto de comprar un coche de segunda mano y quieres saber qué te llevas de verdad, en Talleres Black Piston (Barcelona) podemos revisarlo y solucionarlo. Pide cita aquí.
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