
El líquido refrigerante: el mantenimiento que casi nadie hace y puede arruinar tu motor
El mantenimiento que casi nadie hace y puede arruinar tu motor.
Hay un mantenimiento que casi nadie hace y que, cuando falla, no avisa con un chirrido ni con una lucecita amable: te deja tirado con el motor humeando en el arcén. Hablamos del líquido refrigerante, ese depósito de color rosa, azul o verde que tienes en el vano motor y que la mayoría de conductores no ha mirado en años. Es de los más baratos de mantener y de los más caros de ignorar.

Para qué sirve y por qué importa tanto
El motor de tu coche, funcionando, genera una cantidad de calor enorme. El líquido refrigerante (o anticongelante) circula por su interior absorbiendo ese calor y llevándolo al radiador, donde se disipa. Gracias a él, el motor se mantiene en su temperatura ideal de trabajo en lugar de irse calentando sin freno.
Pero no es solo agua de colores. Lleva aditivos que evitan que se congele en invierno, que hierva en verano y que las piezas internas se corroan u oxiden con el tiempo. El problema es que esos aditivos se degradan con los años: un refrigerante viejo pierde capacidad de proteger, aunque el nivel parezca correcto. Y si encima el nivel está bajo, el motor se queda sin su sistema de defensa justo cuando más lo necesita.
Qué pasa si lo descuidas
Aquí es donde lo barato se vuelve caro. Si el refrigerante está viejo o por debajo del mínimo, el motor empieza a sobrecalentarse. Y un motor sobrecalentado no es un susto pasajero: el calor extremo puede deformar la culata y quemar la junta de culata, que es una de las reparaciones más caras que existen. En los casos peores, el daño llega al propio bloque del motor.
Dicho de otra forma: descuidar un líquido que cuesta poco puede acabar en una factura de varios cientos o miles de euros. Por eso, si alguna vez ves el testigo de temperatura encendido o la aguja subiendo hacia la zona roja, lo correcto es detenerte cuanto antes en un lugar seguro y apagar el motor. Seguir circulando con el motor caliente es la forma más rápida de convertir una avería pequeña en una grave.
Cada cuánto revisarlo y cambiarlo
La parte buena es que prevenir esto es facilísimo. Revisa el nivel cada seis meses aproximadamente, con el motor frío, comprobando que el líquido del depósito esté entre las marcas de MIN y MAX. Es una mirada de treinta segundos.
El cambio depende del tipo de refrigerante que use tu coche. Los tradicionales suelen pedir cambio cada dos años o unos 40.000 km, mientras que los modernos de larga duración pueden aguantar entre cuatro y cinco años. Como regla práctica, los dos años son un buen recordatorio para, al menos, hacerlo revisar. Y un aviso importante: si notas que tienes que rellenar refrigerante de forma recurrente, no lo rellenes y ya está, porque eso suele indicar una fuga que hay que localizar.
En resumen
El líquido refrigerante es de esos mantenimientos invisibles: nadie lo mira hasta que el motor humea. Mantiene la temperatura a raya y protege las piezas internas, pero sus aditivos caducan, así que revisar el nivel cada seis meses y cambiarlo según el tipo (de dos a cinco años) te ahorra la peor de las averías. Es gratis o casi, y te evita una factura de juntas y culata.
Si no recuerdas la última vez que cambiaste el refrigerante, si el nivel te baja solo o si ves el testigo de temperatura encendido, en Talleres Black Piston (Barcelona) podemos revisarlo y solucionarlo. Pide cita aquí.
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